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La Jamais Contente: el coche-bala

Hoy en HablemosDeCoches os traemos un coche que parece sacado de los dibujos del Coyote y el Correcaminos. Es la viva imagen de una bala y fue el coche más rápido del mundo por un tiempo. Hoy hablamos de la Jamais Contente.

¿Coches eléctricos o de combustión interna?

Una cosa curiosa y que no todo el mundo conoce es que el coche eléctrico no es nada nuevo. Al comenzar la automoción la elección que había que hacer no era entre diésel o gasolina, sino que había que elegir entre combustión o motor eléctrico. Y es que los primeros motores térmicos eran tan básicos que a la hora de diseñar un coche muchas veces era más práctico ponerle un motor eléctrico y a correr.

Los fabricantes de motores eléctricos querían demostrar que lo inteligente era comprar su producto, y los de motores térmicos la misma peli. Y en esta tesitura es fácil imaginarse el pique que tenían los fabricantes por construir el coche más rápido del mundo… Con este panorama era inevitable que naciese La Jamais Contente.

La Jamais Contente: el coche bala

Si tuviérais que describirle este coche a alguien que no lo ha visto nunca me imagino que, al igual que yo, le diríais algo así como que es algo parecido a ponerle un bastidor y unas ruedas a una bala gigante, montar encima a un tío sin ponerle ni parabrisas y que los ingenieros se queden tan tranquilos con la satisfacción de haber hecho su trabajo sin esforzarse demasiado.

La empresa que lo hizo se llamaba Compagnie Internationale des Transports électriques, y como puedes imaginarte era francesa.

En 1899 este coche-bala se convirtió en leyenda, ya que no sólo se convirtió en la máquina que batió el record de velocidad sobre tierra, sino que además fue el primero en superar los 100 km/h. A día de hoy nos parece una mierda, pero en aquel momento era una auténtica proeza, como pisar Marte (o hacer un perfect). 

La marca que estableció fueron 105,882 km/h.

Especificaciones técnicas de la Jamais Contente

Aunque estableciese un record tan increíble como el de velocidad sobre tierra, la Jamais Contente tenía varios temas de ingeniería que merecen un comentario.

Lo primero es que sólo servía para batir el record, ya que la autonomía era bastante corta, porque los dos motores de 68 cv agotaban rápido la batería, y si ahora hay pocos cargadores eléctricos públicos imaginaos en 1899.

Además no le ayudaba la carrocería, que era pesadísima… 1450 kg. Y era poco, ya que consiguieron fabricarla en aluminio, tungsteno y magnesio.

Otro tema que no ayudaba a la autonomía es la aerodinámica, que era una mierda: aunque el coche tenga forma de bala, está muy levantado, y además no tiene parabrisas y todo el aire le pega de cara al piloto… Es curioso, a simple vista parece un coche aerodinámicamente perfecto hasta que te cuentan esto.

Otra cosa curiosa es el centro de gravedad tan alto que tiene. ¿Os imagináis ese coche tan alto tomando una curva? Tiene que ser más fácil volcarlo que un Reliant Robin.

Si queréis verlo está en el museo del automóvil de Compiègne, en Francia, y si lo hacéis podéis dejarnos una foto en los comentarios, o a través de Facebook, Twitter e Instagram. Y si quieres estar al día de nuestras novedades suscríbete a nuestra Newsletter.

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