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Ferruccio Lamborghini: por la puta cara

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Hoy vamos a hablar de un hombre que, en el poco tiempo que se dedicó a los coches, dejó una huella que perdura hasta hoy en la historia de la automoción: Ferruccio Lamborghini. Y lo mejor es que todo lo que hizo, fue por un motivo: por la puta cara.

Lamborghini, un hombre rico

El bueno de Ferruccio nació el 28 de abril de 1916 en Italia, en Cento (provincia de Ferrara), donde se convirtió en un hombre bastante rico gracias a su buen olfato para los negocios. En el periodo de entreguerras, Lamborghini se hizo muy rico con sus negocios fabricando tractores, máquinas de aire acondicionado y unidades calentadoras.

Como buen gentleman tenía varios coches de lujo de la época, y claro… Un italiano con coches de lujo tiene que tener uno o varios Ferrari, y precisamente gracias a esto comenzó la leyenda…

Un pique histórico

La historia es bien conocida por casi cualquier aficionado a la automoción: el embrague de uno de los Ferrari de Lamborghini no paraba de darle problemas, y acabó observando que tenía piezas en común con los embragues de sus tractores, así que ni corto ni perezoso se fue a Módena, a la fábrica de Ferrari y le dio varios consejos sobre cómo hacer embragues más fiables. Conociendo el mal carácter de Enzo Ferrari no sorprenderá a nadie la respuesta que le dio:

“Un fabricante de tractores no me va a enseñar cómo hacer coches deportivos”.

Aquí se puede ver una dramatización de los dos italianos discutiendo:

Ferruccio, presumiblemente con una mala hostia considerable, fundó la Automobili Ferruccio Lamborghini, y ficha a dos ex-ingenieros de Ferrari: Gianpaulo Pallara y Robert Wallace.

Y hasta aquí la leyenda sobre los motivos de Lamborghini para dedicarse a los coches. Un calentón, todo por la puta cara. Supongo que si es verdad, a Ferruccio debió joderle bastante nacer en Ferrara.

Primeros años de Lamborghini

En aquella época lo normal era que las marcas compitieran en diversas categorías, para dar promoción a sus coches y conseguir más ventas. Aunque el caso de Ferrari era justamente el opuesto, ya que su objetivo era vender coches para ganar dinero con el que financiar sus actividades de competición.

Y luego estaba Lamborghini, que una vez más hacía las cosas por la cara, ya que sus coches jamás se diseñaron para competir, únicamente para ser mejores que los demás.

Y bajo esa premisa presentó en 1963 en el salón del automóvil de Turín el Lamborghini 350 GT, únicamente para quedar por encima de Ferrari. Y según dicen, lo consiguió. Y con el 400 GT que vino justo después, también.

Ferruccio se implicaba muchísimo en la producción, y quería que todos sus directivos hicieran lo mismo, y por eso el edificio de oficinas estaba justo enfrente de la fábrica, para tenerlo siempre presente. Quizá por eso sus resultados eran tan buenos.

El origen de los toros

Ferrucio era Tauro, y según dicen, muy aficionado a la tauromaquia, y eso fue lo que motivó que el emblema de su marca sea un toro, y que los coches que fabricaba tuvieran nombres de toro, empezando por el Miura y su peculiar historia.

Como decíamos, Lamborghini fabricaba los coches by the face, no tenía ninguna intención de competir con ellos, y esto era algo que cabreaba bastante a sus ingenieros, que en algunos casos eran fans de los Ferrari de carreras.

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Mira esos ojitos, con esas pestañas retocadas con rimel… Es tan mono…

Por esto, comenzaron a diseñar un coche de carreras en secreto, hasta que fueron descubiertos por Ferruccio y no pudieron ocultarlo más. Lamborghini permitió que se acabara de hacer el prototipo, pero prohibió que la empresa compitiese con él. Y lo nombró Lamborghini Miura. Y desde 1967 en adelante, se convirtió en uno de esos coches míticos que los adolescentes colgaban en las paredes en forma de póster.

Con él empezó la tradición de nombrar a sus coches como toros, por eso existen el Aventador, el Gallardo, o el Lamborghini Islero (sí, el toro que mató a Manolete).

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GALERÍA LAMBO AVENTADOR, GALLARDO, ISLERO Y SOGNA

El final de Lamborghini

Lamborghini era un hombre de impulsos, y tal y como llegó a la automoción, de un día para otro, la abandonó.

En 1972 hizo una inversión bastante potente en la empresa para aumentar la producción y atender un pedido enorme que le llegó de Sudáfrica, pero el pedido fue cancelado y la inversión se esfumó, por lo que tuvo que vender parte de la empresa.

En 1973, a Ferruccio se le acabaron de hinchar las pelotas, vendió el resto de la empresa y se fue a vivir a un viñedo. Por la puta cara, una vez más. Me gusta pensar que se despidió de la empresa con un sonoro “¡a tomar por culo!”.

Antes de abandonar definitivamente la empresa, acabó de lanzar el que sería su último coche, y uno de los más famosos de su marca: el Lamborghini Countach, del que os dejo una foto.

Como curiosidad, este coche tenía los cristales absolutamente planos, igual que este otro coche que también es leyenda.

Lamborghini; Ferruccio; Miura, Lamborghini_history; Countach
Sí, es un coche de futbolista. Pero mola.

Finalmente, Ferruccio fallece en 1993 en Perugia, y deja para la historia el legado de esos pocos añitos que se dedicó a fabricar deportivos que no competían. Que simplemente servían para tratar de ser los mejores y no tenían ningún otro propósito.

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