Mecánica

¿Coches con turbina de gas? Buena idea (parte 1)

Coches_con_turbina_de_gas, Rover_T4, Turbine_car

¿Sabes lo que es una turbina de gas? Es un tipo de motor muy particular que se utiliza principalmente en aviones. Pero como aquí se viene a hablar de coches ya te puedes imaginar que algún ingeniero bastante bestia intentó hacer coches con turbina de gas, ¿quieres verlo? Toma asiento.

Muy resumido: así funciona un motor de avión

La mayoría de los aviones comerciales llevan un tipo de motor térmico que se llama turbina de gas y que consiste, a grandes rasgos, en un compresor, una cámara de combustión, y una turbina (con etapas intermedias, intercambiadores de calor varios, post-quemadores, derivaciones en paralelo y mil complicaciones más en las que no vamos a entrar).

La gracia de estos motores es que cogen aire frío por alante, y soplan aire caliente por detrás (fabada style). De tal manera que la fuerza de reacción que se produce por soplar este aire tan rápido hacia atrás, impulsa el avión hacia delante. Es como cuando empujas a un mazas de gimnasio, que él se mueve un poquito hacia atrás, y la fuerza de reacción que se genera en ti por empujarle te mueve a ti más atrás todavía. Y la hostia que te mete después te manda aún más atrás, claro.

Pero se puede usar este tipo de motores de otra manera: aprovechando toda la energía de los gases de escape en la turbina. Esto quiere decir que en lugar de salir el aire por detrás a todo trapo, va a salir despacito, pero la turbina va a girar con mucha más energía que si soplase el aire más fuerte.

Si la usamos así, una turbina de gas es una máquina que coge aire frío, suelta aire caliente, y entre medias hace que gire un eje… ¡Igual que cualquier motor de coche!

Y si una máquina vale para impulsar un coche, va a haber un ingeniero que vaya a lo loco y monte un coche con ella. Es una especie de atracción malsana entre la ingeniería e ideas más propias de los Jackass, pero nos ha dado algunos engendros mecánicos muy guays, hoy vamos a hablar del primero, y en la próxima entrega de dos más.

Un coche con turbina de gas: el Rover T4

Parece mentira que fuese una marca inglesa la que empezó a cacharrear con la idea de meter una turbina de gas en un coche. Es algo como mucho más propio de los estadounidenses. Uno no se imagina a un Lord Inglés utilizando un tractor para hacer carreras, sin embargo te dicen que es algo normal en EEUU y no te descuadra ni lo más mínimo. Pero en el tema de las turbinas de gas, los ingleses adelantaron por la derecha a Mr. Marshall.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Rover empezó a experimentar con la idea de un coche movido por una turbina de gas. Una de las principales ventajas que tendría un coche así es que la mecánica lleva mucho menos mantenimiento, es más robusta y menos proclive a averías, y algo muy guay que tienen las turbinas de gas: Pueden funcionar quemando gran variedad de combustibles. Y eso estando en guerra, con escasez de todo, te puede venir genial.

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Mira que culito…

Así que los ingleses se pusieron a experimentar, y fabricaron 4 prototipos: el Rover T1, el T2, el T3 y el T4. Estaban demasiado ocupados con lo de trabajar en el motor para currarse los nombres.

El más conseguido fue el T4, que era bastante peculiar porque partieron de la premisa de “hay que dejar mucho espacio bajo el capó, para poder meter el motor más grande que seamos capaces”. Me sigue sonando taaaaan yanki todo…

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“Mr Smith, haga hueco, que tengo que meter el motor más bestia que pueda ahí dentro”

El caso es que se las apañaron para hacer hueco echando todo lo demás hacia los lados. Las suspensiones de las ruedas delanteras son muy particulares en este sentido, pero lograron su objetivo. La batería se puso en el maletero, y es curioso, porque es algo que tiene en común con el Toyota Prius, y estamos hablando de un coche de los 60.

Al final se dieron cuenta de que iba a estar complicado vender el coche, por el tema de costes, y lo reconvirtieron a una berlina de representación que se acabó llamando Rover P6 y que se da un aire al Citroën Tiburón. Era un coche particularmente avanzado para la época, tenía suspensión trasera por eje de Dion, transmisión sincronizada y frenos de disco, las tres cosas muy poco comunes.

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No hay duda de que el resultado fue realmente elegante

Y así se murió lo que pudo ser una locura inglesa digna de los Monty Python, pero en unas semanas hablaremos de más coches con turbinas de gas, ¿eres capaz de adivinar alguno? Déjanos un comentario, o escribe a nuestro Facebook o a nuestro Twitter, a ver si alguien es capaz de adivinarlos.

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