Pilotos

Duncan Hamilton, el crack (Parte 2)

Hace unos días estuvimos hablando de Duncan Hamilton, uno de esos tíos que por donde pasan dejan una huella. Si te moló leer cómo ganó una carrera en Le Mans y estableció el record del circuito con una cogorza del quince, sigue leyendo y verás que otras historias tiene en su palmarés.

Empotrado por un Bugatti

Viendo el título de este párrafo ya te puedes imaginar cómo acaba la historia que voy a contar… Pero, ¿qué se puede esperar de un hombre que fue multado por exceso de velocidad cuando se dirigía al rodaje de un programa de seguridad vial?

En 1947, mientras remolcaba su coche para ir a los Brighton Speed Trials, vio a través del espejo lo que describió como “el espléndido radiador de panel de abeja de un Bugatti”, así que redujo la velocidad y se apartó ligeramente para dejarle pasar, pero el coche de detrás también frenó, por lo que Duncan siguió su trayecto, colina abajo, hasta que notó que el coche se le venía encima y observó acojonado que no había nadie al volante. En ese momento recordó que lo estaba remolcando, pero ya era demasiado tarde y acabó donde acaban estas historias: contra una farola.

Otra maravilla mecánica de la época. Fijaos en la delicadeza con la que se ha pintado el 30 a base de brocha gorda

Oporto a oscuras

En otra ocasión, el bueno de Duncan estaba preparándose el Gran Premio de Portugal, en el circuito de Boavista, cuando se le fue la mano en la entrada a la primera curva y acabó dándole un beso con su Jaguar a una torre eléctrica.

La hostia fue de tal calibre que Duncan salió proyectado contra un árbol, y se quedó encajado entre las ramas un rato, hasta que cayó al suelo.

Aun atontado por el golpe, tuvo el tiempo justo de apartar las piernas antes de que un Ferrari se las llevara por delante. ¡Según se cuenta pasó tan cerca que le quitó la bota izquierda! ¡JO-DER!

Hubo que operarle de urgencia, sin anestesia, según se dice, y para que no sufriera le hipnotizaron haciéndole mirar el humo de un cigarro, aunque esta parte ya suena un poco a leyenda.

No obstante lo que no es una leyenda es que Oporto se quedó varias horas sin luz eléctrica.

Quién pudiera…

El fin de las aventuras

Tras un accidente en las 24 horas de Le Mans de 1958 y la muerte de su amigo Mike Hawthorn en 1959, Duncan Hamilton se retiró y montó una empresa de especialistas en coches históricos.

Por supuesto, su familia sigue vinculada a la automoción, incluso uno de sus nietos es piloto.
El bueno de Duncan ya falleció, pero todavía nos queda su autobiografía “Touch Wood”, disponible en formato electrónico y en papel.

Es una bonita forma de revivir las andanzas de este loco por los coches, que nos ha dejado unas historias tan cojonudas.

Puedes ver más de Duncan Hamilton leyendo la parte 1.

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